Proyecto: SISTEMA DE COMUNICACIÓN CON LA CONCIENCIA

 


Hola, cómo están. Decidí bajar mi participación en las redes los últimos meses. Mi atención ha estado en pasar a otro nivel en lo que hago. Me di a conocer como facilitadora de autoayuda, sin embargo, mi trabajo se ha centrado en crear un sistema de comunicación con la conciencia. Cree instrumentos con un enfoque, que nos convirtamos en lideres de nuestros procesos de crecimiento, aunque esto no excluye que contemos con el apoyo de otras personas.

En Venezuela, me sumé a un grupo que buscaba reglamentar las terapias alternativas para que los profesionales pudieran estar dentro del sistema de salud, conseguir fondos para investigar y el ciudadano pueda acceder a las terapias alternativas con profesionales que sean regulados por el sistema, aunque la intención no avanzo sigo teniendo la idea. También implementé un programa piloto en una escuela pública en Caracas enseñando a niños de primaria a meditar, respirar. La salud es un estado de bienestar que involucra al individuo con su entorno, como lo defino en el termino que desarrollé, Bioempatía.

Para los que no saben quién, soy, Me llamo Martha Martínez, venezolana, profesional en Administración de Empresas y los últimos 24 años me he dedicado a facilitar herramientas de autoayuda y en la investigación de la conexión con la conciencia.


Mi historia comienza en 1996, cuando inicio un camino de autoconocimiento motivada por las experiencias extrasensoriales que vivía desde la infancia. Desde pequeña escuchaba voces que me daban información sobre la realidad, la muerte de personas, lo que iba a pasar en mi entorno, sobre los estados emocionales de las personas a mi alrededor y otras situaciones. Estas experiencias no tuvieron mayor relevancia hasta que cumplí 9 años, cuando comenzaron a hacerse evidentes en la escuela.

En primer grado, la psicopedagoga de la escuela me evaluó e informó a mi madre que me mantenía en silencio y que aún no sabía leer ni escribir. Sufría de insomnio, tenía crisis nerviosas frecuentes y me llevaban constantemente al pediatra por síntomas que finalmente se diagnosticaban como nerviosos. En el último año de primaria, tuve una crisis en la escuela que marcó un punto de inflexión. A partir de ese momento, inicié consultas con un psiquiatra. Por oposición de mi madre, no fui medicada.

En la adolescencia, mis estados emocionales se agudizaron. A los 12 años empecé a arrancarme el cabello. Me encerraba en mi habitación. A los 15 años experimenté una leve mejoría: tuve novios, aunque seguía ocultando lo que me pasaba. Las consultas psiquiátricas eran atípicas. Recuerdo preguntas como: “¿Qué opinas de los bebés en el vientre materno?”. A los 21 años, decidí dejar de asistir. Solo me quedó claro que no era esquizofrénica. Su consejo final fue que no contara lo que me pasaba, porque otros no lo comprenderían.

Desde el principio, la comunicación con esas voces estuvo orientada hacia prácticas de meditación, respiración y conocimientos sobre la espiritualidad, sin vínculo con lo religioso. Por eso, estudiar en escuelas regentadas por curas y monjas fue un desafío. Desde temprana edad afirmaba que no creía en Dios, y mantuve esta afirmación hasta bien pasados los treinta.

Después de los 21 años, decidí que intentaría vivir una vida “como los demás”. Me propuse “ser normal”. Me fui de casa a los 19 años, estudiaba en la universidad y trabajaba. Me enamoraba platónicamente y era muy tímida. Me casé. Tras el nacimiento de mi hijo, los síntomas que padecía se intensificaron. Tuve depresión posparto. Me separé de mi esposo y me distancié parcialmente de mi hijo.

A los 27 años, me planteé que la causa de mis males era aquello que me sucedía internamente y decidí enfrentarlo. Inicialmente, busqué apoyo psicológico y psiquiátrico. Al no encontrar solución, incursioné —casi por accidente— en el área de la autoayuda y el crecimiento espiritual. Aunque no coincidía con algunas ideas, comencé a sentirme identificada con ciertos autores y personas ligadas al desarrollo espiritual. Un astrólogo describió muchos rasgos de mi personalidad y mencionó que era “psíquica”. No conocía el término. Dudé, hasta que dos años más tarde, atribulada por no poder recuperar aún a mi hijo, acepté su sugerencia de investigar por mi cuenta lo que me ocurría. Así empecé a trabajar en una línea psíquica.

A pesar de nunca haber visto antes las cartas de Tarot con las que se trabajaba allí, podía interpretarlas. Esto me sorprendió profundamente. Solo estuve tres meses y luego regresé a mi área de experticia. Poco después, la empresa donde trabajaba cerró y me ofrecieron nuevamente empleo en un centro holístico. A partir de entonces comencé a interpretar esas situaciones como algo más que coincidencias. Tal vez debía prestar atención. No percibía un ingreso fijo ni suficiente, así que financié la experiencia durante dos año. Me ofrecieron participar en medios de comunicación y tener un programa en una televisora reconocida, pero algo en mí me decía que debía ir más allá. Me mantuve con bajo perfil, apegándome a mis propias normas. Difundí mi trabajo en internet, pero siempre de forma orgánica: las personas me recomendaban, y desde 2003 he realizado consultas remotas.

En ese centro holístico donde inicié en terapias alternativas, aproveché la oportunidad para aprender técnicas y estudiar libros. Al cabo de un año, decidí cambiar de rumbo e incursioné formalmente en esta área. Mi enfoque principal era descubrir qué me pasaba, lograr equilibrio emocional y mental, y recuperar a mi hijo, lo cual logré al año siguiente.

Una de las técnicas que más me impactó fue la Terapia de Respuesta Espiritual del Dr. Dezler, que utilizaba un péndulo sobre un manual con gráficos. Desde los 3 años escucho voces, y con ayuda de ese manual empecé a entablar una conversación más sistemática con ellas. Al principio lo usaba solo para mí, pero pronto las personas comenzaron a pedirme ayuda.

Desde que me inicié en este camino, daba consultas con las cartas de Tarot desde un enfoque de autoayuda. Creé un primer manual para enseñar a decodificar símbolos, lo cual me llevó a empezar a estudiar el cerebro: quería demostrarme que lo que me pasaba tenía base científica. Nunca  he creído en el destino o en las predicciones: incluso de niña, sentía que la responsabilidad personal era la base de la realidad que vivíamos.

Un año después de empezar a trabajar con esta técnica, comencé a investigar más a fondo. Las voces me sugerían documentar la información. Entre consultas e investigaciones, trabajaba unas 12 horas al día. Vivía con mi hijo, lo cual fue al principio complicado. Además de adentrarme en nuevos conocimientos, debía ocuparme de la vida cotidiana con un niño en primaria. La ventaja era que podía trabajar desde casa.

Durante mucho tiempo no conté lo que hacía tras bambalinas en las consultas. Ocho años más tarde, creé mi propio manual, al que llamé Técnica de Autosanación Consciente. Lo probé con clientes que ya sabían usar el péndulo. Me asombró la precisión de las respuestas, pero más aún, la forma en que se daba la comunicación. A partir de ese momento, las voces comenzaron a llamarse “conciencia”. Me habitué a comunicarme con ellas como si conversara con otra persona. El entrenamiento que había comenzado desde niña pasó a otro nivel. Llegué a meditar durante dos horas seguidas.

Con el tiempo, la técnica fue evolucionando. Amplié el repertorio de palabras para facilitar la comunicación y dejé de usar el péndulo. Creé formatos para documentar mis investigaciones y consultas. Más adelante, comencé a grabarlas para poder concentrarme mejor al recolectar información.

Un año antes de irme de Venezuela, en el 2014, comencé a recibir nueva información sobre una metodología que la conciencia llamó, Sistema para desarrollar la voluntad personal.

Al llegar al país donde actualmente resido —México—, terminé de recibir esa información y finalmente, termino la metodología, este 2025. El libro se llama, “El viaje de la consciencia”

Mi intención ahora es darle un marco comprensible a esta experiencia. Validar el sistema de comunicación con la conciencia a través de métodos que integren herramientas accesibles y comprensibles. Definir con precisión el sistema dándole un marco conceptual claro, ¿qué es la “conciencia” ?, ¿cómo se produce la comunicación?, ¿qué factores influyen en la precisión?, establecer criterios de validación, recoger evidencia experiencial con otros y otros aspectos que me permitan publicar el sistema y su validación

Creo que he desarrollado un enfoque innovador que integra la experiencia personal con la conexión a una Consciencia, guiando procesos de autoconciencia y transformación personal.

A partir del 2004 fui construyendo el sistema de comunicación para traducir la conciencia a un código lingüístico (español, el idioma que hablo) En esencia se decodifica el mensaje a través del fenómeno respuesta ideomotora y con la técnica, se va construyendo las frases que luego forman el mensaje, la información.

La técnica autosanación consciente, facilita traducir la voz de la conciencia y funciona como una matriz semántica porque accede, decodifica y reorganiza la información proveniente de un lenguaje simbólico dándole un claridad y orden al mensaje recibido.  

La técnica de autosanación consciente no es una tecnología en el sentido convencional, pero he observado el impacto que ha generado en las personas en las cuales la he usado, así como en mí.

Al inicio de este año, la conciencia me dijo: “sigue tu intuición”. Sentía que tenía que terminar de decodificar el libro que había canalizado desde el 2014 antes de marzo. Desde el 2021 lo he estado traduciendo.

Ha sido un proceso largo, intenso y confrontativo. ¿por qué a mí?, ¿qué gano con saber lo que sé? ¿cómo sé si no estoy loca? han sido una serie de narrativas con las que he vivido desde mi infancia. algo dentro de mí que no sé definir me lleva y aunque hay días que parece que lo voy a abandonar todo, continúo. Alguien me dijo: no vas a renunciar hasta que termines.

En el transcurso de las semanas, comprendí por qué fue ahora y no antes “las circunstancias de vida te llevan a madurar y esto te da una comprensión diferente de lo que vives” La conciencia.

La muerte de mamá me sumió en un nuevo estado que estoy experimentando, unido a las circunstancias de la vida. Quiero estar en silencio, caminar despacio, observar más. Una sensación entre nostalgia y agradecimiento por haber concentrado mi esfuerzo en ver la experiencia con ella más de los roles y pudimos reconciliarnos en esta vida. Se involucró en lo que hago escuchándome en la radio, viendo los programas que hice.

Si observan escuchando en silencio más allá de las circunstancias que viven, podrán descubrir el verdadero sentido de la causa de su nacimiento. Aunque resume una serie de eventos que comenzó antes de sus nacimientos, estos solo enmarcan un propósito que sólo será descubierto por aquellos que tengan la paciencia, la humildad, la certeza de que hay algo más allá en el hecho de estar vivos.

Aprendan a ver la vida sintiendo lo que sienten y dejen de ver con sus mentes. Ahora están en el momento de momentos. Las señales siempre vienen del cielo las cuales pueden decodificar con sus sensaciones, instintos, intuiciones. Escúchense, obsérvense, hagan a un lado por momentos la mentes de los demás con la que viven a diario. Enfoquen su atención en terminar lo que vinieron a hacer.

El tengo está siendo desplazado y lo que antes parecía ser importante, finalmente dejará de serlo para algunos.” La conciencia

 

 

 

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