¿INMIGRANTE, YO?
Tomo
la iniciativa, comenzando con mi experiencia personal, para compartir la
experiencia de las personas que conozco y que por diferentes razones no están
en sus países de orígenes. Invito a otras personas a compartir sus experiencias
fuera del país donde nacieron con el fin de unirnos en una sola nacionalidad,
los ciudadanos del mundo, los que son de todas partes.
Cierto
día, mientras me encontraba ordenando mi sitio de consulta, pensé. Donde estaré
en el futuro. Me proyecte en ese espacio hacia el futuro y automáticamente
dije, no. Esto no es lo que quiero. A partir de ese momento, que ya fue hace
más de una década empecé a separarme del país donde había nacido.
Pasaron
varios años más antes de empezar a exteriorizar mi intención, hasta que tres
años antes de venirme lo lance, me voy del país. Esperé terminar mi
responsabilidad con las circunstancias que había tenido, estuve años preparando
la dinámica de cómo haría si estuviera afuera y finalmente empecé a desapegarme
de la cultura del país donde había nacido.
Fui
a varias ciudades. En particular había ido muchas a veces a una en donde tenía
un lazo afectivo con alguien y cierta conexión espiritual con la gente y el
país, más sin embargo llegué por otras causas al país en donde estoy radicada
en este momento. Dos meses antes había estado nuevamente en Bogotá, definiendo
los detalles de mi estancia allá.
La
experiencia fue como otras anteriores, con la diferencia de un evento que
finalmente marcó mi decisión. Un día antes de venirme, visite un castillo que
obligadamente todo turista debe ver. Confieso que fui porque debía ir pero no
porque me entusiasmaba. Mientras me enrumbaba, pensaba en lo que haría al salir
de ahí. Al llegar empezó a llover, por tanto mi propósito de estar sólo media
hora y tomar fotos para subirlas al face, cambio.
Resignada
a pasar un rato en el lugar mientras dejaba de llover, empecé a caminar y poner
atención a lo que veía. Una figura abandonada en un rincón llamó mi atención,
me acerque a ver que era y cuando la pude distinguir con claridad, un acceso de
llanto incontrolado me dominó, era el águila con la serpiente en el pico,
emblema del país.
Aterrizando
en el aeropuerto al día siguiente sentí nostalgia. Era la primera vez que me
iba de un lugar y sentía nostalgia. No hice caso estas circunstancias hasta un
mes después. Una noche me desperté súbitamente sobresaltada. Miro hacia la
puerta del cuarto que esta trancada y se empieza a formar una figura con puntos
verdes y blancos. Creí que estaba alucinando y restregare mis ojos tres veces,
hasta que me detuve a observar que era. Los puntos bordearon el marco de la
puerta y luego adentro en puntos también se formó de abajo hacia arriba una
imagen que resulto un águila erguida con las alas abiertas. La experiencia aún
me conmueve. Al mes compre dos tiques y me vine con el niño. Así fue como
decidí venirme para México.
No
me considero un inmigrante, no me siento inmigrante, no extraño a mi país o las
personas que están allá. Eso me hace sentir a veces culpable. Durante el año
que espere para irme, luche con diferentes ideas, cómo voy a irme ahora en esta
situación que mi país me necesita, dentro de poco cumpliré cincuenta años, he
esperado más de una década para llevar a cabo esta decisión, debo abandonar mi
intención por las circunstancias actuales. Mientras esperaba abordar el vuelo
en panamá que finalmente me traería hasta aquí me sentí culpable. Cuando me
monte en ese avión, definitivamente dejé Venezuela.
Yo
soy venezolana, durante los últimos años he contribuido con crear conciencia en
mi país a través de lo que hago y también soy una mujer que vino a este mundo a
vivirlo. Me convertí en ciudadana del mundo hace muchos años, cuando dejé de
pensar que sólo era venezolana cuando salía del país.
Mi
experiencia aquí ha sido muy diferente a lo que esperaba y ha sido lo que ha
tenido que ser. He tenido la suerte de contar con personas que no son mi
familia y desde un principio me adoptaron como parte de la suya. Aún mantengo
mi acento venezolano y sigo pensando como pienso pero ahora reafirmo la frase
célebre de la cantante mexicana Chávela Vargas, nacida en Costa Rica. “los mexicanos nacemos donde nos da la
chingada gana”
Sigo
teniendo un afecto especial por Bogotá pero aquí siento que estoy en casa.
Aún
sigo buscando el significado del águila…



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