HÁGASE TU VOLUNTAD, SEÑOR SUBCONSCIENTE
—No voy a llorar más, Marco. Voy a hacer esto. Tres cosas. El príncipe de mis mareas El niño, de apenas dos años y medio, sonrió al verme dejar de llorar. Habría olvidado aquel momento si después no hubiera ocurrido una cadena de eventos “casuales” que terminaron desencadenándolo todo. Meses más tarde, ya de regreso en Caracas y viendo a Marco solo los fines de semana, seguía pensando en aquel día. ¿Qué hizo que ocurriera lo que dije, si en realidad no había tomado ninguna acción, sólo acepté fluir con los acontecimientos? Estaba decidida. Buscaría el equilibrio que nunca había tenido. Y adivina qué: otra vez comenzaron las casualidades. El primer fin de semana que regresé a Caracas después de estar con Marco, no aguanté más. Estaba en la parada del metro de Altamira enfrentando un dilema: “¿Llego a la oficina o llamo para decir que no puedo volver?” Mi hijo tenía tres años. Todavía tomaba tetero y usaba pañales. Por casualidad, un señor se detuvo en...
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